Espeleología, feria y senderismo.

«Una enorme oquedad en la montaña nos invitaba a entrar en la cueva de Sassenage. Después de caminar algunos cientos de metros bajo tierra, las paredes de la gruta se comienzan a hacer más angostas, grandes rocas bloquean el camino a seguir, unas enormes grapas metálicas hacen las veces de escala y nos dirigen a un piso inferior de la cueva. Nuestra ruta transcurre ahora por una tubería natural horadada por el agua en el corazón de la tierra con el paso de los años. Podemos apreciar restos de desprendimientos en nuestro camino. Llegados a un punto, el paso es tan pequeño que al final debemos arrastrarnos sobre nuestro vientre hasta abrirnos paso a una enorme galería subterránea; la cavidad es majestuosa, tanto que por un momento parece que nos encontramos en una catedral en lugar de varios metros en el interior de la montaña. Seguimos los pasos de nuestro guía hacia el interior de la cueva, los mosquetones aseguran nuestro camino mientras caminamos ganando altura con cada paso, bajo nuestros pies un río subterráneo avanza con fuerza crecido gracias a las lluvias de los últimos días. Finalmente alcanzamos nuestra meta, un enorme puente colgante sobre una espectacular cascada en el corazón de la tierra, resulta extraño disfrutar este escenario iluminado tan solo por la tenue luz de los frontales en nuestros cascos de espeleólogos. Disfrutamos de estalactitas, estalagmitas, columnas y otras formaciones geológicas subterráneas que continúan con su lento proceso de formación ante nuestros ojos mientras seguimos avanzando en grupo, hasta alcanzar una larga tirolina que nos acerca, de nuevo, a nuestro punto de partida. Por fin volvemos a ver la luz del sol.»

No, no os dejéis engañar, aunque la experiencia y paisaje subterráneo descrito anteriormente pueda parecer sacado del cuaderno del profesor Otto Lidenbrock, en “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne, fuimos nosotros, los alumnos de SEK-Les Alpes, los que este sábado recorrimos algo más de un kilómetro y medio por el interior de la cueva de Sassenage, una localidad situada en la ribera del río Isere, muy cerca de Grenoble que está presidida por el castillo del mismo nombre. La espeleología fue una actividad nueva para muchos de nosotros, pero nos animamos durante todo el trayecto para superar los numerosos obstáculos que encontramos en nuestro camino.

A la vuelta pasamos por la ciudad de Albertville en la que había una feria, tuvimos tiempo para montarnos en atracciones y cenar. Al final del día para ponerle un colofón a tan fantástica experiencia vimos los fuegos artificiales.

El domingo hicimos una ruta de senderismo por Les Saisies, de una duración de una hora y media, recorrimos las escarpadas montañas con las increíbles vistas de los Alpes franceses y su pico más icónico: el Mont Blanc.

 

 

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